¿Donde están tus piezas?
¿Donde está tu lengua?
¿Donde está el desagrado habitual por la existencia?
¿Donde está tu biblia y tu rosario?
¿Donde está tu palpante entrepierna?
¿Donde está quién me enseñó a nadar?
¿Donde está la palabra hecha verbo?
Cuánto extraño, Cuánto extraño, Cuánto extraño.
Tres veces he de repetir
porque tres veces me elevé
al orgiástico devenir
que el cielo ha de conocer
por el poder brindado
de un ser extraño.
//Ya todo he perdido. Que más da?//
//Siempre he sido eso: Lo perdido//
¿Donde esta esa frase,
que esbozaste sin tapujos,
hablando de los hilos de la bóveda?
En respuesta al ataque,
de aquel escurridizo escarabajo
Ares me ha poseído.
Lanzo el fuego con catapulta:
sin medida,
sin protección.
Por culpa de la pócima de la octava posición
las ansiedades llegaron por omisión,
como una bruja en crucifixión:
Ven,
Pon tu mejilla en mis manos,
toma mis puños,
repletos de fantasías imposibles y
siente este dolor -más- porque eso es lo que somos:
Dolores palpables.
Pon tu tierna cabeza en mi -Ven, recuéstate en mi pecho. Todo estará bien. ¿Recuerdas?-
que mis manos posen sobre esas aguas onduladas,
para cortarlos de raíz,
para perderlos en el mar.
Pósate ante mi: Desnudo.
Porque tus heridas he de ver
Porque tu humanidad he de sentir
Porque así mismo he llegado ante tí:
Desnudo.
Y que este grito iniciático se escuche
en los confines de los lugares
donde ya me harté de llegar.
donde ya me harté de sembrar.
donde ya me harté de arar.
//He perdido este océano//
Porque este errante aquí yace
con la espalda hacia el horizonte
dejando atrás todo aquello
que nunca ha de ser respondido.
Sólo confío en la bóveda celeste,
Aquella que mencionaste,
a que suelte sus jinetes,
y entre bailes, pasos y un tango,
vuelva a retorcer mi cuerpo,
y volver a creer,
en aquel rostro que pretendo,
volver,
a ,
Ver.
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