Cuando una de tus banda favoritas de muchos milenios, viene a Chile, cuando nunca pensaste que vendría, comienzas a recordar todas las veces que alguna canción, ha sido parte de tí, de todo el tú interno, que sólo tú puedes observar... Aquí es donde me detengo, y después de casi un año, las palabras vuelven a mis dedos:
Si bien todos sabemos que cuando dos entes se unen bajo la luz del sol, no siempre las idead puede fluir, como también puede ser el inicio de la unión de ideas.
Esta vez, el caballero hidalgo ese que siempre sale a reflote, era un bastante particular respecto a los demás que intentaron entrar en mis tierras. No completamente a gusto la flor que está en mi ventana, esta vez, no brilló como otras veces, pero tampoco respondió al estímulo cuando lo intenté. Algo iba bien. - "Sí, aun recuerdo los primeros chats". Era como caminar por mis parajes, mirando los pasos, sonriendo frente a los pájaros gemir el estridente ruido terrenal, y el ver como los pies andaban y andaban en tierras que, no estaban dentro de un mapa. El sentir el vacío, nos hizo dar un alto en este paisaje, y comenzar a caminar hacia una tierra. - "vamos a mi casa"-. La flor de mi ventana tenía un pétalo menos. Grandes manjares, oh, grandes, no entendía, Sólo esperaba un momento para contemplar la belleza hidalga, y no bastaron más que algunas ráfagas de viento, cuando comenzamos la batalla épica. Su espada, mi escudo. Espada destrozando el cáliz inverso. el caliz inverso arrojando migajas de escombros que nadie sabe por qué. La espada seguía hidalga, el cáliz resistía. Se paró el tiempo. y comenzó. Tiernamente el vestido destruido por el diluvio, comenzaba a jugar con el rostro aquel, al ver los ojos brillando como diamantes en bruto, y poder tocar la silueta, entregar un cariño inexistente pero tangible, con las palabras que no atan, pero se olvidan cuando la seda viste al caballero y su expresión de agradecimiento se hace notar mediante el tierno diálogo con ese cáliz caído.
La historia, de estos hidalgos caballeros, llegó a su fin mediante estrategias de cruzadas nunca definidas, pero el enredar mis dedos en su cedoso cabello, y hacer el mapa completo con mis dedos de su silueta, y cada minuto encontrar una nueva forma de caminar, hacen que este desierto prado, durante años, no reviva, sino que en una fría colina, nació un pequeño gladiolo, que cada cierto tiempo, asoma su plenitud, para poder dar forma a mi camino.
y así fue como, Snow Patrol, encontró la forma de poder recordar con lágrima, uno de los eventos en este paraje, que más quedó marcado.
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