Como he de explicar,
Esto que nunca pensé en asociar.
La devastación de la guerra
Trajo alegrías,
Como también quimeras,
Esto que nunca pensé en asociar.
La devastación de la guerra
Trajo alegrías,
Como también quimeras,
He de siempre haber
pensado,
Que todo esto era solo pasado,
Y fue el sabio de antaño,
Que armó mi desarmo,
He de siempre haber creído,
Que la guerra traía al destino
Los cambios más grandes
Que cualquier hombre errante.
Que todo esto era solo pasado,
Y fue el sabio de antaño,
Que armó mi desarmo,
He de siempre haber creído,
Que la guerra traía al destino
Los cambios más grandes
Que cualquier hombre errante.
Pero sólo bastó,
Una frase de honor,
Y un vendaval desató.
Y sin armas me encontró
Una frase de honor,
Y un vendaval desató.
Y sin armas me encontró
Los ciclos solares habían
enseñado,
Que los males eran estacionarios.
Pero algo olvidó el ciclo mencionar:
El igualar las luchas sin dudar.
Que los males eran estacionarios.
Pero algo olvidó el ciclo mencionar:
El igualar las luchas sin dudar.
Y el igualar lo he
sentido,
En cada paso vivido.
Aun así los vientos,
Cada vez más violentos,
Refriegan la miseria perdida,
De todas mis batallas infinitas.
En cada paso vivido.
Aun así los vientos,
Cada vez más violentos,
Refriegan la miseria perdida,
De todas mis batallas infinitas.
Ahora es cuando debo estar
firme.
Parar al viento y decirle:
Ya nada puede,
Ni debe,
Dejar de detener mis pasos,
Frente a este estrado.
Que ha sido difamado,
Por los oscuros escribas,
Que creían
Que yo era un guerrero promedio,
Y sin tanto remedio.
Y es por esto que mi último grito,
Será el que cambie al mundo,
Y guie estos pasos cansados,
De tantos intentos ganados,
Y ríos bastardos,
Para así al fin ver,
El sol naciente,
Que por este,
He de, por primera vez,
Ver y creer ,
en Él.
Parar al viento y decirle:
Ya nada puede,
Ni debe,
Dejar de detener mis pasos,
Frente a este estrado.
Que ha sido difamado,
Por los oscuros escribas,
Que creían
Que yo era un guerrero promedio,
Y sin tanto remedio.
Y es por esto que mi último grito,
Será el que cambie al mundo,
Y guie estos pasos cansados,
De tantos intentos ganados,
Y ríos bastardos,
Para así al fin ver,
El sol naciente,
Que por este,
He de, por primera vez,
Ver y creer ,
en Él.
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