Vagando sin brújulas
destinados a estar
donde el dolor se ha de sembrar.
Y ahí estas.
Vestido de transparencia
irónica,
en forma de agua,
en forma de olvido.
Te mueves tan elegante,
con un paso redundante,
y un aroma digno,
de los ríos del infierno.
Llegaste como un mortal,
y un cautivante vendaval,
lleno de narrativas antiguas
y angustias.
Así también el compartir:
de canela y parir;
de campos de hielos a derretir;
cariño en versos para fluir;
Y cómo el día se hace nocturno
Te diluiste. Paulatino.
La palabra desapareció,
enmudeció.
El único puente
que estaba en pié,
abrió sus grietas:
Explosión.
- Deseaba vestirte nuevamente
- Deseaba elevar tus alas
- Deseaba escuchar tus aventuras
- Deseaba ver tus cicatrices
- Deseaba armar el lego en carne
- Deseaba unir en polvo al mar
Pero eres un fantasma...
E imploro a la bóveda,
con lo poco que me queda,
que este fantasma reviva su estado
y vuelva a la mortalidad.
Podría entregarme en sacrificio,
por nuevamente pasear,
en mi campo,
con ese mortal,
que
hace tres lunaciones anteriores a esta,
cuando una entonación naranja
nos abrazaba en un coro angelical.
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