domingo, 24 de mayo de 2020

Shadows

Y la prosa recitaba,
los cánticos más brutales
que El Poeta pudo haber escrito en sus mágicos anales.
¿Acaso Beatriz era su sombra?

He entendido que esta tierra,
está plagada de sombras,
desde los antepasados hasta lo futuro.
Ahí estarán
con las siluetas que sólo aquellos,
con dolor y alegorías varias,
pueden dar cierta forma.

Las que veo están vertidas de líquido:
De Veneno de la Hidra.
Listas a ser disparadas por el héroe;
De Mágica Infusión:
Listas para la alquimia suprema;
De Alacranes,
Listas en sus vasos para ser bebido.

Y me he envenenado.
He de sentir la transmutación,
esa que los alquimistas hablan.
He de observar sin sentir,
He de pedir sin nada.
He de proyectarme,
en Ofelia,
tan melancólica,
tan desterrada.

He de verme como lo que he sido:
Ese horrible monstruo,
El que se ocultó y despertó
en una cumbre borrascosa
viendo desde lo alto -con frío y sin una ventana-
cómo Cronos hace de las suyas y mueve las piezas
en tiempo y espacio conocidos.

Ese horrible monstruo,
Ese que su alma ofende,
con sus demandas solitarias
y los acertijo de Hades,
El que habita detrás de mi cansada espalda
y sabe y conoce,
de desestabilizar y derrumbar.
Porque el azufre es mi segundo perfume,
el que guardo junto al perfume de la putrefacción
y que suelo usar cuando la acción se avecina
y ayuda a desvanecer a cualquier héroe -digno o indigno-
de sus encantos y arcertijos.
Porque Hermes ha sido mi mentor.
Júpiter mi Bendición.
Hades mi perverción.


Ese horrible monstruo,
Ese que es usado,
como un cañón,
para explotar en vastos campos nevados
que dejan la radiación común,
de los encuentros de Afrodita y Marte
y Mercurio.
Pobre Hefesto, sigue tallando los rayos,
que en eso nos hemos de convertir:
En nuestras obligaciones.
En ser usados para un fin, uno solo.

Ese horrible monstruo,
El mismo que derrama en los ríos,
todo lo que queda de él:
Lo mundano, la conceptualización del amor, 
Las esperanzas y luces de lo que alguna vez fue
esa tierra fecunda,
esa tierra de conocimiento y felicidad.

Ese horrible monstruo,
es la alquimia más pura,
que ha podido desarrollar,
ese veneno del alacrán.

Y ese horrible monstruo,
en el estado catatónico más imprudente,
Ha de quemar, romper, gritar y llorar
todo lo que pisa, todo lo que desea
todo lo que proyecta, todo lo que respira.
todo lo que abraza.

Que los Rayos de Hefesto,
en manos de Zeus,
Derriben a esta deformidad
y la desintegren
y que finalice su alquimia
transformándose en neblina,
Como la de Poseidón,
Como el humo de los antros,
Como el aire convertido en gas,
Como un ente que vuela
para así salvar
a algún otro monstruo
que esté a punto
de beber del veneno
que dejé servido,
En ese altar armado en palabras,
Conexiones y subliminales ataques 
de silencio.


For the last time...for the last time...








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