del invierno y sus vientos.
Y obvio, sus nubes.
Quizás sea la típica tempestad
-lo de todos los inviernos-
tan sólo sea la soledad,
tan sólo sea el menoscabo,
tan sólo sea el día.
Afrodita, tú que lo sabes -o quizás no-
¿Que hay de la correspondencia?
¿Que hay de la ley universal?
¿Qué hay de la reciprocidad?
Los vastos caminos que hemos emprendido,
en esta historia medieval de crecientes soles perdidos,
Que hablan de la fuente de mi conocimiento,
Como lo único digno, lo único tangible
lo único hermoso,
que he de compartir al mundo.
Lo que recubre a esto, habla de la inmundicia social,
el rechazo de todo espejo,
la deformación por aquellos golpes cristianos
que vierten en mi cuerpo,
lo que otros han de rechazar.
Este camino me ha cansado,
agotado hasta drenar lo impensable.
¿Debo acaso seguir?
¿Debo acaso tomar una antorcha de mi fuego
y ser enterrada?
Las preguntas me han drenado,
desde los inicios del universo
conocido como
tiempo.
Quizás por esto, siento las puertas del infierno
cerradas al leer: "abandonad toda esperanza".
Hijo de Prometeo, el abandono sabe de lo imposible.
Y le pregunto al viento
en forma de niebla:
Si los vendavales desparramados,
cuando afrodita embrujó nuestro campo,
hablaban de una siembra por igual
¿Está siendo abonada en equidad?
O quizás son los terribles cabos,
que aún siguen sueltos,
herencias de aquellos caballeros,
que también tiraron semillas y
no se detuvieron a ver el prado de manzanillas
crecer.
Y los 1000 océanos ahogan mi doble visión,
con la culpa habitual de hundir la nueva cosmovisión,
frente al rechazo que siempre ha sido la destrucción.
Quizás es momento de guardar el fuego.
Entregarlo en su debida porción,
como referencia al fuego que también he de recibir.
¿Merezco acaso el fuego compartido como un acto de reciprocidad?
¿Conozco los manuales de aquello?
¿Los deseo conocer?
No, no deseo conocer estructura alguna.
Cronos y Hades ya fornicaron en aquella laguna,
que solía ser los cimientos de mis campos.
y mantenían en pié al hidalgo caballero blanco.
Ahora soy tan sólo un ente,
que vaga por parajes como un errante.
Que los Dioses me acompañen.
Que las cruces sean enterradas
donde brujas puedan orinar sobre ellas.
Y que mi fuego
sea compartido
a la par
en un sinfín
de bailes
de igual
a
igual...
Porque es lo que debe ser.
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