Vaya Dios que va a pasar.
¿Dios?
Mejor toma mi mano,
forastero oceánico,
Que he extrañado,
la conversión en uno.
Tómala.
No hay espacio para el no.
¿Como te atreves a abandonarme?
cuando más necesitaba
el tacto imparcial de tus manos
por mi moribundo cuerpo.
Toma esa vela, que será guía.
Toma la inmundicia bíblica, que será combustible.
Ahora, corre conmigo bajo estas escaleras,
tan largas como la del tempo de salomón.
¿Puedes ver algo?
¿Tienes miedo?
Yo no, sostén tus brazos en mi
porque desde mis manos,
tomo tu ropaje con furia
mientras beso tu verborrea
y mi lengua destruye los mitos
y leyendas
vertidas en esa cavidad.
No, son mis dominios.
Toma tu protuberante entrepierna
y limpia mi rostro.
Bendice mis labios con el amargo sabor
del hielo derretido
mientras tu falocentrica voluntad,
se torna fuego.
No me sostengas, que el fuego te puede quemar.
Saca tus culpas, vierte tu ropaje al suelo -Que los restos de uñas no te incomoden tu espalda. -
Mientras te sirvo un vino,
de sangre latente y líquidos corpóreos.
Prende esa vela al son de mis labios besando
cada una de esas partes, profundas, duras, intactas,
inconexas y horribles.
Sigue el camino salivar que he dejado,
marcando con fuego, tu ruta crítica.
Sobre esa, vierto aquel vino.
¿Siente como recorre el camino delineado?
Bien. Ahora, excita tu tembloroso cadáver,
habla de tus pecados y busca el perdón
a través de las hojas bíblicas que secan todo lo vertido.
Ahora, toma esa vela que yace encendida,
con el solo hálito de mi aire incendiario.
Tómala y ve como este ente se retuerce
con la esperma directa en mis protuberancias.
Y te pido más.
Deja la vela,
Deja la biblia,
Y abre paso a esta fuente
para nutrirse por completo
por la penetrante unión.
Y yazco sobre tu humanidad completa,
con un ritmo parejo,
ajeno del mundo, cercano al cielo.
Tus labios ahogados intentan gemir,
pero sólo es un grito, digno de un narrador.
Cambian los ritmos,
Cambian los personajes.
Ahora sí puedes desarmar todo:
Coge mi pelo, coge mi fuente
Que el sórdido grito ahogado
invoque a mis diosas,
invoque a tus dioses,
para deleitaros,
en esta danza de cuerpos.
Sigue, no pares, que sé estás disfrutando.
Impregna las letras podridas del libro bíblico
en mis nalgas. Que pueda leerse
el pecado original y el secundario.
Y que tu espada sepa, lo que es el fuego del herrero eterno.
Que tu glaciar estalle por completo
frente a mis ojos,
frente a mi grieta,
frente al mundo.
Que mi glaciar estalle en tu rostro,
frente a tus ojos,
frente a tu grieta,
frente al mundo.
Toma - y tomo- las hojas sobrantes del libro aquel
posa sobre mi rostro -Y yo sobre el tuyo- sus letras paganas
y mientras lames - y lamemos- la inmortalidad,
que nuestras lenguas prediquen el evangelio,
llenas de pecado, llenas de líquido corporal
llenas de culpa, llenas de clamor.
[Reza un Padre Nuestro // Que los ángeles te guíen en esta búsqueda]
Y posa tu cuerpo junto al mio,
mientras vemos como se consume
la luz que nos guiaba.
Que la ausencia de luminosidad,
permita ver nuestros rostros,
ya plasmados de cuentos antiguos y castigos.
Deja acariciar tu elocuente cabellera,
que la soledad, sea menos dolorosa a mi lado.
A tu lado.
Deja descansar tu cansada alma,
en estos brazos seguros,
nuestro espacio seguro.
Porque recuerda, mi forastero querido:
Fuera de esta caverna,
No existe sombra a la sombra de la Cruz.
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