martes, 1 de mayo de 2018

All Too Well

Huracanados vientos,
centran la tranquilidad,
en medio de silencios,
donde existe estabilidad,

Y ahí está la tempestad,
calmada dentro de la ciudad,
mientras hacia el cielo,
las gemas brillan con deseo.

El desear es esquivo,
cuando actuar es efímero,
y cristales de las gemas yacen,
pretendiendo nuevamente nacer,

Nacimiento de lo inexplicable,
han de sentir esos brillosos
luceros,
saben que deben avanzar,
saben que deben sentir temor,

El temor de reabrir,
los hilos atados del sentir,
dejan al descubierto,
el mundo más que oculto,

Oculto de aquel errante,
combinado de hierro y ardor,
caminante aventurero,
lleno de estupor,
con el aura de dolor,
y el sentir con ambición,
que el universo destinó,
a transitar este lugar,
que no es la misma tierra,
desde cuando pavimentó la ciudad.

Y fue ese caminar,
Y fue esa ira,
Y fue la inocencia,
Y la ternura,
las que trajeron los vientos,
los huracanes que no sé controlar,
la tempestad que no vi avecinar,
y las mariposas que vuelan sin cesar.

Si el caminante al mirar,
viera de esta tierra,
un lugar donde no sentirse extraño,
la bóveda abriría,
los vórtices,
la primavera,
el deshielo de la nieve,
de aquella montaña esculpida,
por las más devastadoras fuerzas,

Si el caminante al enterar,
del cimiento del huracán,
quizás correría,
dejaría la quimera,
y con el pestañar,
el huracán,
devastaría lo último que construí...


Aún así, las huellas están
marcadas con hierro; marcadas con ira.
su espada quedó en el precipicio,
junto con la armadura y su instinto,
aún así,
lo que esta alma,
debería entender,
es que las huellas,
al tomarlas,
debes barrerlas,
y tomarlas,
con amor,
y las gemas con cristales recorriendo la faz,
hacia la bóveda,
soplar,
liberar,
y caminar...


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