Fue quizás centenas atrás, cuando un primaveral verano,
los ojos brillantes llegaron a vislumbrar, sin querer,
una de las historias dignas de un juglar.
Fue quizás cuando los pequeños ancestros,
desfilaron las destrezas juveniles, sin medir,
sin un cinturón que afirmara los años venideros.
Fue quizás el tierno resplandor que emanábamos las tardes de octubre,
cuando la vulnerabilidad nos abrazaba en ese patio, con la cuna lunar,
formando lo que sería nuestro ser,
unidos por el misterio del amor,
Fue quizás también, cuando la penumbra después de la unión,
trajo los demonios que estaban sombre mi, los mismos que desataron,
a tus propios y el infierno en esta santa tierra.
O quizás también fue cuando las misivas enviadas, en ambos,
abrieron esa herida que teníamos recién fundadas por los jóvenes tormentos,
que estábamos conociendo.
En la medida de lo posible, quizás, fue el cierre de mi etapa,
y el descubrimiento de mi nueva vida la que,
evitable no sería,
separar nuestros cantares.
Quizás entendiera que el misterio del amor,
nos llevó a ser uno nuevamente,
y el cáliz,
y espada,
se unieron para recorrer con estas manos escribanas,
el sedante cabello y pálido cuerpo cálido,
y tus mismas manos, hicieron de esto,
un cien y tantos kilos de experiencias,
sabidurías,
mezcladas con la tierna mirada,
y los besos que terminaron,
con mi eterno hielo.
Puede ser quizás también,
el amanecer del día de la completa unión,
cuando la frase "nos vieran así" en aquel sofá,
del que recuerdo,
su textura,
su aroma,
y yacíamos dos fuerzas,
unidas,
por el misterio del amor,
Hasta creo capaz, que quizás,
fue esa llamada la que trajo consigo,
el principio del fin,
del cual no supiste,
porque no tuve valentía,
de alzar,
mi voz.
Inclusive, quizás, la llamada a 18,
cuando escuché por primera vez,
la distancia,
y la última de las voces que remeció,
marcó,
los años,
hasta presente,
hoy.
O quizás, los vagos intentos de encender,
nuevamente,
la historia sin nombre,
que acabó,
sin nombre,
También, quizás, el venidero de cronos,
y las mismas misivas tangibles,
ahora eran canciones no apreciables,
sin un puerto,
donde,
poder descansar,
Puedo pensar que, quizás,
fueron las oportunidades en las cuales,
vi al pequeño,
y como un anónimo,
un desconocido,
observaba al adulto que desconocí,
pero fue la explosión,
casi floral,
del aroma que existía,
en aquella tarde eterna.
Y quizás, el misterio del amor es eso:
el saber que dos almas intensas cruzaron caminos para enseñarnos,
nuevas esperanzas,
nuevas ideas,
en nuevas edades ,
y nuevos caminos.
Quién escribe acá,
es quizás, de la idea,
que el misterio del amor,
es el cómo tomamos nuestros caminos,
sin saber de nosotros.
Sin saber de tus sueños modernos,
sin saber de mi etapa dantesca,
sin saber de cómo marcaste,
sin querer,
los doce soles delante,
los cuales el olvido,
fue amigo de esa sirena,
olvidada en el mar,
por Neptuno amar,
Y que Hades celó,
convirtiendo a la sirena,
en el arte verdadero,
del no olvidar.
Y como no olvidar,
si no existió perdonar,
ni a mi,
ni a tí,
ni al cielo,
ni al infierno.
El misterio del amor fue quizas,
dejar abierta una herida,
que ha de sanar,
con otra alma,
en este mismo lugar,
Independiente del caminar,
con la misma grieta,
tratando de no respirar.
Y el tercer sol llegó...
era aquel oculto, detrás de las profundidades ocultas de nuestras ventanas.
Entendieron, quizás, que algunos pocos bendecidos por júpiter,
iban a sufrir la maldición de leer las profundidades del otro,
entender el origen del otro,
saber apreciar del otro,
no bajo el rectángulo sin salida,
sí bajo el manto estrellado.
Los sabios, quizás, entendieron que el misterio del amor,
estaba en las eternas peregrinaciones a los lugares sagrados,
sagrados del inmenso universo sideral,
que rodea el cuerpo animal.
Mismo cuerpo informal,
Tirado por la inquisición,
A vivir entre las fauces mundanas de los soles sin soles,
El tibio sol de los indomables hielos de la luz,
entendieron que, quizás, tan sólo quizás,
el misterio gozoso del cual se hablaba en el senado,
la noche que no fue noche,
la noche del arrebatamiento,
la noche dónde venus cayó,
y terminó,
por iniciar,
el largo entendimiento de la verdad,
de la verdad que debe existir detrás del misterio del amor,
aquel misterio que sabios,
y sus paradigmas,
y sus epistemologías,
han planteado,
han destrozado,
y aquí viene este caballero,
con las heridas al rojo,
a ser parte de esta búsqueda,
la que llevó a Alexander,
a conquistar Asia;
La que llevó a Carlomagno,
a conquistar Francia;
la que llevó la fantasía animada,
a este caballero,
a sumarse a la eterna búsqueda,
para encontrar,
ayudar,
plantear,
facilitar,
y por sobretodo,
Amar.
Tirado por la inquisición,
A vivir entre las fauces mundanas de los soles sin soles,
El tibio sol de los indomables hielos de la luz,
entendieron que, quizás, tan sólo quizás,
el misterio gozoso del cual se hablaba en el senado,
la noche que no fue noche,
la noche del arrebatamiento,
la noche dónde venus cayó,
y terminó,
por iniciar,
el largo entendimiento de la verdad,
de la verdad que debe existir detrás del misterio del amor,
aquel misterio que sabios,
y sus paradigmas,
y sus epistemologías,
han planteado,
han destrozado,
y aquí viene este caballero,
con las heridas al rojo,
la que llevó a Alexander,
a conquistar Asia;
La que llevó a Carlomagno,
a conquistar Francia;
la que llevó la fantasía animada,
a este caballero,
a sumarse a la eterna búsqueda,
para encontrar,
ayudar,
plantear,
facilitar,
y por sobretodo,
Amar.
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