Nuevamente,
Como los tiempos pasados,
Como los cielos oscuros,
Como los tañir sombríos,
Como el vestir del eclipse.
Nuevamente,
Venus comenzó su batalla,
Hiriendo la abierta yaga,
Rompiendo la gran barrera,
Destrozando con fuego marciano,
El gran puesto del mago artesano.
Y en la devastación,
La alta sombra la veo ir y venir,
Y se acerca,
Y se aleja,
Y la alta sombra,
El nuevo muro,
El que roza con calidez,
Mi manto de sensatez.
Y la alta sombra,
Que cubre los paisajes,
Llenos de niñez genuina.
La sonrisa que detorra al invierno.
El sol que alumbra ese campo.
El tumulto que destruye dinastias.
Y mis sabios,
Sentados,
Ven como danzo con fuego y dolor,
Con vergüenza y ardor;
Con furia y llanto.
Y mis sabios,
Sentados,
Sienten el cambio de la energía
Sienten mi labia en cacería
Sienten mi pasado asomar
Y es ahí,
Justo en el límite,
Cuando la bóveda se ordena,
Cuando la bestia se escapa,
Cuando mi ser no sabe de nada.
Y parado frente a esa sombra,
Tan difusa como real,
Tan efímera como tangible,
Tan táctil como distante,
Viendo cómo comienza a cimentar,
Su morada cerca de mis dominios.
Y danzamos frente al saber;
Reímos de las diferentes almas sin recorrido;
Miramos hacia el mismo reflejo de la bóveda;
Y cuando los vientos llegan a nosotros,
Tomamos nuestros caminos,
Para nuestras batallas declarar,
Para nuestros ideales alzar
Y oscuros destruir.
Cuando el sol refleja en su ser,
La sombra desaparece,
El caballero hidalgo,
En su lazo de caballerosidad,
Se alza en plenitud,
Y una brisa primaveral,
Arrastra hacia mi soledad.
Y como grandes lugareños,
Los deseos y el roce,
Oh, tan sólo el roce...
Fomenta el pavimentar,
El camino que siempre he querido,
Pero el miedo de no saber,
Si el prisma brilla de la misma,
Forma que mi prisma,
Desata la ira volcánica sin siquiera,
Un minuto,
Pensar.
Oh, tan sólo pensar...
El higaldo puede tan solo hablar,
En cualquier lugar,
Pregunta por la inmortalidad,
Y mi ser de amabilidad,
Estará presente,
Porque sin ser condescendiente,
El poeta que arregló esto,
Importa un poco más que ayer,
Un poco más que mañana,
Puedes preguntar, oh, higaldo,
Por todo esto que te rodea,
Y puedes mi nombre gritar,
Y puedes mi nombre odiar,
Y ahí estaré,
Al pendiente,
Porque el sol se atrevió,
A empezar algo que jamás quise,
Pero que al final,
Me importa más,
Que la vanalidad.
Esto no es el eterno juego,
Del deshielo y el atardecer.
Esto no es tan sólo,
La semilla que no fermentó.
Este pavimento que fomento,
Convertido al cielo, como un compromiso,
Trae conmigo esa eterna promesa de antaño,
Que había creido olvidar.
Cuando esta alma se sentía escuchada,
Cuando esta alma se sentía alabada,
Cuando esta alma se sentía llena de empatía,
Era cuando los juglares y las ninfas,
bailabal al son,
del primaveral sol,
Que pasada la guerra del dolor,
Nunca más brillaron con ardor,
y la reconstrucción,
con mucho pavor,
tampoco revivió ese calor.
Y he me aquí, descansando en mi altura,
Observando hacia la futura,
Posible ciudadela que reviva,
El primaveral carnaval,
De esta escurridiza alma,
Que tan sólo quiere palpar,
La simple aurora boreal,
Que el higaldo trajo consigo:
En sus dos avellanas de bolsillo;
En su pálido tibio labial;
En su marrón estelar;
"Ask me and I'll there, 'cos I care"...
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