Caminando sobre las piedras modernas
Sin sentido pero con rumbo sobre
El gris cielo.
Un dios metálico, vaya que novedad
Rinden tributos impuros que,
todavía nadie puede entender al unísono.
Gritos de libertad ahogados por esos gigantes fríos.
Gigantes inmóviles.
Gigantes sin rumbo.
Es tan incierto y doloroso ser un alma inerte
por opción y no sentir el calor.
Virgilio debería acompañar
estos pasos en este infierno.
No es que quiera parecer algo distante,
sino que es algo inexplicable todo este sentir.
Que lloren las estrellas invisibles en el
gris cielo alto,
que no dejan guiar estos caminos inertes
de almas inertes
Almas qué pasara por sus propios mundos?
En una penumbra metálica puedo descansar y no detenerme.
Y quizas podría pensar o ser un rey por un día...
No quiero ser quién dictamine
este nuevo criterio
en este nuevo mundo.
Mundo extraño,
vacío,
sin poder ver el cielo como era en mis tierras medias,
¿Cómo he de poder armar el firmamento si estoy en una ceguera impuesta?
Mis lobos aúllan desesperados por esto que,
alguna vez,
pensé tendría solución.
Oh, poderosas fuerzas!
Que han hecho del metal?
Que han hecho del mirar el verde crecer?!.
Ahogado podría estar aquí,
gritando,
en mi esquina metálica.
Haciendo gemir
hasta la más hermosa ninfa que no existe,
porque son ninfas metálicas que
ofrecen el cielo, mar y tierra metálicos.
Aun así,
mi cielo se abre constante y
permite ver y tocar
esas tristes constelaciones que no entienden esto.
Esto que algunos eruditos llaman
el gran mundo o
blanco mundo...
II
Y con todo, no puedo tener nada.
Me quitaron el noble poder del bosque.
Me quitaron tocar la piedra.
Me quitaron beber el agua.
Me quitaron ver mis ojos en mi tranque.
Me quitaron tocar mi alma.
Me quitaron gritar mi rabia.
¿Cómo he de recuperar lo que me creó?
¿Cómo Zeus permitió que narciso tomara gobernanza en esto?
Mis gritos silenciosos
no descansan
y solo desean ver en la tierra,
la miseria para construir,
el dolor para crecer,
el sufrimiento para aprender.
Quemar lo impuro, para florecer.
Y con todos mis gritos,
nadie me ha de escuchar,
nadie.
me ha de tomar una mano y gritar
con otra voz silenciada.
Nadie es capaz de poder cambiar lo que sí podemos.
Ni mi ser ni mi alma,
que están separados por el metal artificial,
se desvanecen por esto.
Entender es lo que causa
estos gritos silenciosos
.
Pero aún miro y grito. Y nadie escucha.
Nadie escucha
Nadie...
Que el destino sea quien me guie.
Que el destino tome mi alma y la reubique.
Que el destino me emigre
Que el destino me ampare
Y que el olimpo limpie.
Porque nadie puede sacar las manchas del suelo metálico.
Ni yo.
Ni tú.
Ni mi universo.
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