viernes, 20 de junio de 2014

Welcome To My World (Part II)



El espacio suspendido entre mi razón y lo que puedo ver, lo cubren cristales y la luz de aquel siempre sol naciente, logra crear prismas  muy adelantados a la época y como nunca pensé, un reflejo:

Cuatro puntos cardinales me guían y claro, el primero me lleva hacia el norte, donde el olimpo me espera como un verdadero héroe que,  no puede ser un dios por no tener esa sangre bendita ni un poderoso filo de espada. Afrodita posa su mirada en mi reflejo y siento como su viento se alza y genera partes de lo que la iglesia tanto ha de prohibir. Si bien el perfil inconfundible y cierto espacio de vacíos rellenos con lo habitual, si me genera en mi reflejo el deseo intenso de profanar el eterno resplandor de mí no/lugar

No es una ráfaga, sino que 100 nudos los que me llevan al este y ahí, el dorado me espera como una roca. El dorado eterno que no puedo refutar ni magnificar. Dorado desde la primera vértebra hasta su último dorado cabello. Su durada recubierta, está muy alejada de mis dorados pensamientos cubiertos de doradas esperanzas y temores

Es el mismo dorado quien sopla con sus dorados labios hacia el noreste de la península.

El imponente tótem que, nunca antes había visto, muestra como las técnicas de seguimiento han  sido por siglos, una de las técnicas más hermosas del mundo. Pero al descubrir el enigma del tótem, una gran ciudad se abre paso y tan solo un gran hombre prospera y comienza su ascendencia en los terrenos mercantilisticos.
Veo que su pasar no deja indiferente a mi reflejo, quien reacciona como quien espera algo no esperado. Las miradas se cruzan y mi reflejo cae y cae sin esperar afirmarme. Sí, caer y no esperar ayuda. Solo caer y que Himeros haga lo suyo.

Lamentablemente, el viento me rescató y me posiciono al noroeste y qué había?
Había oro, oro parlante, oro risueño, oro prismático capaz de hundir un imperio con su sonrisa de oro. Eterno oro, tonificado con oro y más que oro.

Ni apolo pudo ver algo tan amarillo, como el oro sonriente que me visita.

Y sin ir más lejos, el mismo rey oro, me presta su barcaza de oro para ocultar el prisma y volver a mis aposentos…quizás a seguir revisando los reflejos que, son los únicos que no presentan resistencias ante cual ogro escribe esto.

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