Siento que a través de los trazos de arena que dibujo y gritan lo malo que todos los hombres son capaces de no controlar cuando suceden hechos tan normales pero que, yo, mi jinete y mis sombras no recordaban en lo absoluto.
Hay corazon negros que sangran blanco, más blanco que el atardecer nevado que quería ver en mis libros, pero como siempre, la inquieta mano no sabe aguantar y abalanza ideales no compartidos. Estos ideales del caballero que ahora es errante, no estaban acá, en mi tierra... Pero aun la mirada con propia vida no logran alejar de mi cielo todas las cosas que aún he callado y que, por el miedo eterno al adiós, nunca es emitido en un inmundo papel hasta su propia cabeza pensante, y también, con vida propia.
Te quería presentar el mundo que no estaba escerito en ninguna estrofa doloresa, te quería mostrar que mis sueos son pocas quimeras, te quería demostrar que puedo romper el cielo y extraer toda la escencia que quisieras.
Pero esta alma que se sabía devastada por esos rumores blasfemos, quería seguir enceguecida por las luces de los automóviles nocturnos, quería seguir entrando en la estúpida fascete de idealización a tus pensamientos, y con eso evocar la mejor melodía que cualquer mortal quiere conseguir
Pero nuevamente, mis manos y mis dedos se ven atados a de deolor y sufrimiento propio, lo que logran los vacíos, los acantilados y los grandes terremotos artificiales que acostumbro a revivir
No quiero volver a intentar otra vez el rezo de las miradas, porque no soy un ser perfecto como para lograr convencer de verdades a mis veinte y cuatro sombras ya desgastadas.
No, no soy alqui que luego de las revelaciones logra un muro más que las nubes llenas de truenos de odio y parábolas innecesarias.
Soy más bien quién abre el camino lleno de rocas y espinas, y te despido con la más triste tonada que jamás nadie puede superar.
Y es aquí, cuando el camino se torna verde por las lluvias repentinas y las demarcaciones más naturales que cualquier pensamiento en esta estadía en mis tierras
Se abre paso el cielo y la espalda del caballero reluce toda la indiferencia que jamás supe entender y una tibia mirada, bajo la creciente luna del tercer mes, de la edad más devastada que se tenga recuerdos.
Los refuerzos están centralizados en mis aposentos, para comenzar a limpiar los vestigios de aquel caballero de la mirada con vida propia.
Fue un siempre, pero nunca un ahora;
Welcome to my world.
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