miércoles, 13 de marzo de 2013

American // II

Y ahí estamos nuevamente.
He ahí, aquel intrépido ente que alza sus brazos en la pradera mientras se empapa del conocimiento explicito de las cosas.
Nuevamente el fuerte terremoto que causa tan sólo esbozar una simple sonrisa al viento, sin pelos, es como si el edén volviera a reflotar desde las profundidades del océano de aguas más oscuras que su mismo cabello.
He ahí, nuevamente, sus risueños cabellos entrelazarse entre sus intrepidos y definidios dedos, en conjunto con su, nuevamente, sol de sonrisa y logrando otro terremoto en mis aposentos, haciendo temblar a todos los dioses griegos y dejándolos en una alerta temprana, pero una alerta temprana de calma, de una calma que no se experimentaban en estos aposentos desde tiempos inmemorables.
He ahí, mi silueta intentando escapar de su lugar para correr a entrelazarse con sus cabellos de algas oscuras, sedosas como la tenue brisa, rebeldes como mi inestable estado mental.
Y yo, aquí, con mis acostumbrados señores, tratando de safarme de todo lo que tengo, para siquiera intentar hacer notar mi presencia.
Nadie sabe esto que pasa en mis tierras indómitas, nisiquera sabe aquel intrépido de ojos nocturnos, de esos ojos que elevan con su sonrisa propia, de esos ojos que matan todas las flores con su confusión propia.

He ahí el intrépido de los ojos con vida propia

Y la melodía suena y resuena, pero nadie la escucha.
Y las noches llegan y llegn, pero nadie lo evita
Y mis deseos decaen y se elevan, pero nadie lo sostiene
Y el intrépido corre, rie y respira, pero nadie lo detiene

Vamos, que la sombra no se mueve aún de ese camino
Vamos, que el intrépido nisiquiera sabe de esta parte de un itinerante destino
Vamos, que la piel de brillante diamantes se vuelve tersa y fresca
Vamos, que las espadas estan listas para ser revueltas

Y es triste ese momento aquel, en que te posas frente al intrépido y sólo te ofrece el manto de inestables nubelosas que logran perderlo, perderlo en una vaga estepa de tierra vacía, Vacía como un alma agonizante, Agonizante como mis últimos soplos en una indiferente tierra, Tierra del que estoy a un paso de abandonar, Abandonar para dejar atrás todas estos males, Males que no serían tal, Tal como si el intrépido diera vuelta sus irrisorios cabellos, Cabellos que puedo sentir entre mis dedos desgastados de la más fantástica historia de no amor jamás contada.



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