Retuerce al bueno
Se torna oscuro.
Es tan profundo.
Y el alma pesa.
Ten tu espada,
Prepara el filo,
Que no hay un ciclo.
Y el caliz bueno,
Se vuelve intenso,
Y torna blanco,
A estos caballos.
Respira fuerte,
Que aqui viene,
El alma oscura,
Con esa llama.
Y el alma pura,
Sin armadura,
Pero intensa.
Toma este regalo,
Como algo del pasado.
Ni es el fuego,
Ni es el sol.
Es ese aire,
Que rompe y hiere,
Sin antes ver,
El caliz arder.
Y el fuego me torna aire,
Y el caliz inerte,
Alberga la nieve,
De la espada silvestre.
Y el aire me torna al suelo,
La espada siento,
Convertir al pasto,
En fuente hostil,
De mi sentir.
Al cielo imploro,
Rendir tributo.
A ese torso.
A ese impuro.
El juego inicia,
Con esa ninfa,
Sonriente y fría,
Mirando al mundo,
Sin disimulo.
Y el alma insiste,
En encogerse,
Pero el sudor,
Del filo inquisidor.
Atrae al ser
Y no hay mucho que hacer.
Yo siento el frio,
Del filo intenso,
Que enciende el fuego,
Del rio mezquino.
Y estos cinco pilares,
Llegan y se distraen,
La espada en forma penetra,
Esta tierra oculta,
Y deja al aire,
Mis puntos apartes.
Y los pilares,
Con fuerza atraen,
El alma en dos,
Para el deshielo posterior,
Y ver brillar,
Al alba en su andar.
Y los pilares olvidaron,
Aquel celibato,
Y el Rey David,
Sin omitir,
Ni dimitir,
Alza al cielo,
La imperfecta unión.
Y mi sentir,
Llegando al fin.
Dispara al cielo,
El verbo divino.
Y el alma intensa,
Dispara en tierra,
La espda en furia.
Y no existe final,
Mas profundo que deshielar,
La nieve infinita,
De mi pilar.
Al viento grito,
El buen deseo,
De ver partir,
La espada en dos,
El caliz en dos,
Y el sudor en dios,
Que tiñe el cielo,
De blanco invierno,
Del mismo infierno,
De la tierra que vio,
A estos dos,
Estallar sin voz.
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